<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://ciguapas.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>Ciguapas</title><description>Cecilia Ramis, escritora dominicana nacida en 1968.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;</description><link>https://ciguapas.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>CHILLIDA: LA EST&#xC9;TICA DE LA DENSIDAD</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2007/010702-chillida-la-estetica-de-la-densidad.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2007/010702-chillida-la-estetica-de-la-densidad.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><span style="font-family: Arial">Cecilia Ramis</span></strong><strong><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></strong></p><p align="center"><em><span style="color: black"></span></em><em><span style="color: black"></span></em><em><span style="color: black">"Desde el espacio<br />con su hermano el tiempo<br />bajo la gravedad insistente<br />con una luz para ver como no veo.<br />Entre el ya no y el todav&iacute;a no<br />fui colocado.<br />El asombro ante lo que desconozco fue mi maestro. <br />Escuchando su inmensidad.<br />He tratado de mirar, no s&eacute; si he visto."</span></em></p><p align="center"><em><span style="color: black"></span></em><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;</span><span></span><strong><span style="font-size: 8pt; font-family: Arial">Eduardo Chillida</span></strong><strong><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></strong><strong><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></strong></p><p align="left"><strong><span style="font-family: Arial">Foto: Moneiba Talavera</span></strong></p><p align="justify"><strong><span style="font-family: Arial"></span></strong><strong><span style="font-family: Arial"></span></strong><span style="font-family: Arial">Hay que tener un alma de poeta para encontrar la levedad en la densidad, para hacer de metales pesados, echados a la suerte del oxido y la lluvia, a veces un gesto, otras una sensaci&oacute;n que acaba siendo c&aacute;lida en medio de la frialdad de sus materiales y la concisi&oacute;n del lenguaje est&eacute;tico de Eduardo Chillida.&nbsp;</span><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span><span style="font-family: Arial"></span><span style="font-family: Arial">Basta leer los apuntes de este escultor donostiarra, nacido en 1924, para encontrar las huellas de la poes&iacute;a, la impronta de su asombro, la condici&oacute;n polisemica, y por lo tanto inagotable de su fulgor, pese a la austeridad, a veces tan <span>&nbsp;</span>callada, de sus formas.</span><strong><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></strong></p><p align="justify"><strong><span style="font-family: Arial"></span></strong><span style="font-family: Arial">Una de las cosas m&aacute;s maravillosas de vivir en Madrid son las escapadas que hay que hacer para no sucumbir al hormig&oacute;n, a los ruidos, al mal humor de los taxistas, a las obras que parecen rebuscar un tesoro que nadie encuentra. </span><span style="font-family: Arial">Esta vez las ciguapas decidieron irse hasta Euskadi, ese Pa&iacute;s Vasco monta&ntilde;oso y marinero, de gente hospitalaria, de buen comer, de pachar&aacute;n casero y atardeceres que en su declinar de luces, casi al morir el sol, parecen incendiar los montes con una rojiza y &uacute;ltima llamarada.</span><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span><span style="font-family: Arial">Asombra la organizaci&oacute;n de su turismo interno, el homenaje organizado y limpio que hacen a sus rincones preciados, a sus poblados de herencia medieval o romana, a sus boinas veteando de lunares negros las ma&ntilde;anas de neblina. Elegimos un caser&iacute;o del 1640, que una familia de Lezo hab&iacute;a restaurado y preparado como Casa Rural. Una casa de piedra, con amplia chimenea, largos ventanales que descubren el verdor de sus bosques de pino y tamarindos, de reses que pastan en un invierno generoso, de temperaturas agradables que se hacen a la lluvia o la luz, seg&uacute;n les lleve la melancol&iacute;a.</span><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"></span><span style="font-family: Arial">Muy cerca de Lezo, a 14 kil&oacute;metros, la cita era con Chillida y la necesidad de acercar el o&iacute;do e intentar no entender, pero si sentir lo que viene dici&eacute;ndonos desde todas sus esculturas, grabados, bocetos y pinturas. Un mensaje rotundo, que tuvo a la madera como materia prima, luego al hierro, hormig&oacute;n, acero, piedra, e incluso alabastros,<span>&nbsp; </span><span>&nbsp;</span>que no por s&oacute;lidos dejan de culminar en una brisa suave que a veces puede hasta peinar al viento.</span><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"></span><span style="font-family: Arial"></span><span style="font-family: Arial">Desde que Eduardo Chillida y su familia restauraron el viejo Caser&iacute;a Zobalaga en Hernani, Guip&uacute;zcoa, el poblado se ha convertido en un lugar de peregrinaje de amantes del arte o artistas que se benefician de los programas que ofrece la Fundaci&oacute;n Chillida. Un modo generoso y visionario de hacer de su obra un punto de encuentro entre gentes y culturas, ahora que sus obras se cotizan tan caras y que le sobran los reconocimientos y los premios.</span><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"></span><span style="font-family: Arial"></span><span style="font-family: Arial">Hay ocasiones en que descubrir tiene el riesgo de no mostrar nada, y como dec&iacute;a el viejo aforismo griego: nada no se vuelve a cubrir. El minimalismo que s&oacute;lo es reproducci&oacute;n de unas modas que vienen en ocasiones de la serenidad est&eacute;tica nipona, y de otros modos en los que relucen los espacios abiertos, como silencios paralelos de paredes planas, de l&iacute;neas rectas, de contrastes sutiles, suele dejarnos una sensaci&oacute;n de vac&iacute;o, m&aacute;s all&aacute; de la acrobacia, de la ruptura en si misma. He ah&iacute; la diferencia entre una moda y una corriente est&eacute;tica que tiene su correlato art&iacute;stico. De m&aacute;s est&aacute; decir que Chillida siempre escap&oacute; a lo f&aacute;cil o comercial y su obra siempre supo situarse a la vanguardia de los iconos que establec&iacute;a el mercado. Como en todos los artistas de raza, la b&uacute;squeda de nuevas expresiones no cesa en Chillida. Desafiando la naturaleza, el artista vasco busca esa otra densidad que no es mat&eacute;rica, acaso tan solo espiritual y que es, al fin y al cabo, lo que nos queda en esa sensaci&oacute;n est&eacute;tica discreta y sobria, como un susurro.</span><span style="font-family: Arial">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: Arial"></span><span style="font-family: Arial">Hacen falta honduras en el alma para poder hacer hablar a las piedras y a los metales. </span><span style="font-family: Arial">Chillida parece abrirnos las v&iacute;sceras que invitan al ar&uacute;spice a mirarlas y descubrir ese mensaje secreto, que a veces apenas se sugiere, como una leve pista que no moleste a la inteligencia de ese espectador que al igual que Chillida, trata de mirar, aunque nunca sepa si ha visto.</span></p>]]></description><pubDate>Sun, 07 Jan 2007 12:03:00 +0000</pubDate></item><item><title>EL NUEVO "NO PASARAN"</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2007/010601-el-nuevo-no-pasaran-.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2007/010601-el-nuevo-no-pasaran-.php</guid><description><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">No fue en Paris, sino en Nantes. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">M&aacute;s de 500 manifestantes franceses de esta peque&ntilde;a ciudad costera, recibieron el a&ntilde;o nuevo con pancartas en las que pod&iacute;amos leer "No a 2007" o "2007 no pasar&aacute;", mientras buena parte de occidente se preparaba para llegar al momento de los abrazos fingidos, nerviosos o aut&eacute;nticos, que se prodigan al dar las doce.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Hay quien aludir&iacute;a al <em>roquizquierdismo</em> galo, caricatura de un presumible arquetipo cultural sobre el que opinan, con docta e inapelable erudici&oacute;n (sic), los turistas en masas. Ante mi falta de aval, del que presumen los turistas en tropel, que en un paseo de tours, corre y corre e instant&aacute;neas, sientan catedra, me puse a buscar las presumibles razones para abdicar as&iacute; de la esperanza de unos manifestantes que ped&iacute;an a gritos &ldquo;una moratoria sobre el futuro&rdquo;.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Siguen siendo la quinta econom&iacute;a, aunque solo crezca un 2 % anual. Tienen el sistema de seguridad social que envidian los ingleses. Pronto tendr&aacute;n elecciones, a&ntilde;ado en mi zigzag por peri&oacute;dicos, revistas y reportajes que leo para entender el origen de una manifestaci&oacute;n tan curiosa como inaudita. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Entonces me acuerdo de que en&nbsp;las pasadas elecciones&nbsp;casi gana Le Pen, de que sus simpatizantes crecen al hervor de una xenofobia que les empieza a parecer puro y natural instinto de conservaci&oacute;n, ante una pureza etnica y cultural que se evapora, mientras envejecen sus gentes, y las calles de Paris, de Lyon, de Burdeos, <span>&nbsp;</span>son una babel en la que los franceses empiezan a no reconocerse. <span>&nbsp;</span>Me viene a la mente un comentario que me hizo un amigo, de una refinada francofilia, cuando me cont&oacute; que los profesores de humanidades, aquellos que ten&iacute;an que ense&ntilde;ar la cultura francesa, la lengua francesa y su historia, son &aacute;rabes, sobretodo. Se alarmaba ante la fragilidad que advierte en esa so&ntilde;ada pureza cultural que va en contra de la naturaleza din&aacute;mica de la vida. Par&iacute;s a veces ya no es una fiesta, cuando arden los suburbios de j&oacute;venes de padres y de abuelos extranjeros, sobretodo de origen &aacute;rabe, hartos de que no se les considere franceses.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">La manifestaci&oacute;n, que arranc&oacute; con un esp&iacute;ritu humor&iacute;stico y de fino sarcasmo, empieza a parecer una marcha nihilista, m&aacute;s que fascista, contra un cambio inevitable. Por aquello que advert&iacute;a Freud, de que el chiste siempre tiene un lazo con el inconsciente, y por tanto con los temores y sentimientos m&aacute;s primarios. Igual que Chirac, el presidente que vuelve y vuelve como remedio que enferma, los franceses no mueven ficha, aplazan las grandes decisiones, entre discursos elegantes. No quieren renunciar a su sistema de protecci&oacute;n social, yendo contra todo lo que pudiera amenazarles, contentos de trabajar cuatro d&iacute;as, y no cinco, y de jubilarse antes de los 60, pero tampoco quieren parir sus mujeres, al menos no lo suficiente como para hacer sostenible a largo plazo el sistema al que se agarran. No quieren pagar el precio de tener que convivir con gente de otra cultura o simplemente con otro fenotipo, aunque hablen el franc&eacute;s y se sientan tan franceses como el que m&aacute;s. Si acaso aspiran, como en el El Gatopardo,a que todo&nbsp;cambie para todo siga igual. &nbsp;&iexcl;Hay que joderse con los franceses!</span></p>]]></description><pubDate>Sat, 06 Jan 2007 09:57:00 +0000</pubDate></item><item><title>LAS DOS ORILLAS: Cecilia Ramis</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2006/112801-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2006/112801-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><span>SERIE VECINDARIO:&nbsp;</span></strong><span>&nbsp;</span></p><p><span></span><strong><span>1. Lo que rescata el olvido</span></strong><span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></p><p align="justify"><span></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Yo no s&eacute; si es la vida o es la forma de mirarla, pero hay d&iacute;as en los que lo anodino, aquello que vemos desprovisto de asombro, ense&ntilde;a su trav&eacute;s, y el coraz&oacute;n del mundo y sus personajes parecen transparentes y los sentimos latir <span>&nbsp;</span>llenos de significado. Y no es que haya ocurrido nada, sino que esa nada que ocurre cobra otra dimensi&oacute;n, quiz&aacute;s porque tenemos buen humor, quiz&aacute;s porque, a pesar de las resistencias y los trucos, se lleva un Bartleby dentro, que como aquel de Merville, no para de repetir <em>preferir&iacute;a no hacerlo</em>.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Digo todo esto por mi vecino. Es curioso, estamos puerta con puerta y como tengo cierta alergia al rapto de nuestra privacidad que hacen nuestros vecinos, (suelo mirarlos con cordialidad pero con desconfianza e incluso a veces con desagrado, como las termitas, amontonados en las grandes ciudades a cambio de o&iacute;r los ronquidos, orgasmos o escupitajos de seres ajenos) no hab&iacute;a reparado en &eacute;l.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">No s&eacute; por qu&eacute; precisamente esa ma&ntilde;ana, y desde entonces para siempre, me fije en algo que ya ven&iacute;a pasando todos los d&iacute;as desde que me instal&eacute; de nuevo en Madrid. Meto la llave en la cerradura, abro la puerta y lo primero que me encuentro es con la cara de Don Luis, semiescondida entre la puerta entornada, que abre de par en par nada m&aacute;s verme. Va de traje, como todas las ma&ntilde;anas, planchad&iacute;simo, pulcro y caballeroso, con un bast&oacute;n en una mano y una gorra a cuadros puesta con elegancia en su cabeza cana. Tiene ochenta y tantos y vive solo. Don Luis se viste para salir a ninguna parte, seg&uacute;n compruebo con los d&iacute;as. Parecer&iacute;a, digo esa ma&ntilde;ana, que se viste para m&iacute;.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Las ciudades europeas parecen cada vez m&aacute;s un gran auspicio en el que reina la indolencia y la decrepitud. Tanta soledad les vuelve hoscos, tramposos en las colas de los mercados, pero Don Luis no. Advierto un sentido de la dignidad que en el com&uacute;n de los mayores tiene a veces un rech&iacute;n a resentimiento y que en Don Luis es una clase de pudor que lo mantiene erguido.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Desde esa ma&ntilde;ana empec&eacute; a investigar la vida de Don Luis, no tanto para escribir una historia sino para entender el misterio de su saludo ma&ntilde;anero. Siempre dice que esperar&aacute; un rato para salir a dar un paseo, y se disculpa al tiempo que saluda, sujet&aacute;ndose la gorra y quit&aacute;ndosela si me atrevo a ponerle conversaci&oacute;n. Pero no saldr&aacute;. No lo har&aacute; hasta que acuda su hijo a buscarlo, apresurado entre el trabajo, los ni&ntilde;os, los atascos de Madrid, la pena honda de un padre solo y viudo que al perder a su compa&ntilde;era, hace apenas 6 a&ntilde;os, perdi&oacute; tambi&eacute;n la memoria.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&iexcl;Qu&eacute; cosas tan curiosas rescata de nosotros el olvido! dije de pronto esa ma&ntilde;ana en que la vida era algo m&aacute;s que la vida, y sus mensajes ignorados se abr&iacute;an como lo hacen los c&oacute;digos secretos. Como si todo tuviera de repente un sentido hirientemente est&eacute;tico. Como si algo nos hubi&eacute;semos salvado de la vulgaridad de lo anodino. El apenas se acuerda de que se llama<span>&nbsp; </span>Don Luis, de que se le tiene terminantemente prohibido salir a la calle, y por eso obediente apenas la abre para decirme adi&oacute;s. Y sin embargo, sabe ponerse la corbata igual que anta&ntilde;o, usa sus sacos de drill, lustras sus zapatos como cuando era un cartero y pateaba de punta a punta los barrios de Madrid. Conserva, seg&uacute;n las lenguas de las vecinas, aquel aire se&ntilde;orial que tanto le distingu&iacute;a y que el olvido se resiste a borrar.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Todo empez&oacute; en una ma&ntilde;ana en la vida me dej&oacute; ver su otro lado, sin que supiera entonces ni ahora qu&eacute; extra&ntilde;o mecanismo transforma la realidad que vemos en algo que de alg&uacute;n modo la supera. Solo s&eacute; que, tras el saludo que le devuelvo cada ma&ntilde;ana a Don Luis recuerdo siempre aquello que un d&iacute;a dijo Dostoievski a una joven escritora que se le acerc&oacute; en busca de consejo: &ldquo;<em>tome lo que la vida misma le ofrece. &iexcl;La vida es infinitamente m&aacute;s rica que nuestras invenciones! No existe imaginaci&oacute;n que nos proporcione lo que a veces da la vida m&aacute;s corriente y vulgar&hellip;&rdquo;</em></span></p>]]></description><pubDate>Tue, 28 Nov 2006 20:18:00 +0000</pubDate></item><item><title>LAS DOS ORILLAS. Cecilia Ramis</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2006/110201-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2006/110201-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">UNOS ZAPATOS AMARILLOS</span></strong><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><em><span style="font-size: 9pt; color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">El &uacute;ltimo encuentro (fragmento)</span></em><em><span style="font-size: 9pt; color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"><br />" Uno acepta el mundo, poco a poco, y muere. Comprende la maravilla y la raz&oacute;n de las acciones humanas. El lenguaje simb&oacute;lico del inconsciente... porque las personas se comunican por s&iacute;mbolos, &iquest;te has dado cuenta?, como si hablaran un idioma extra&ntilde;o, chino o algo as&iacute;, cuando hablan de cosas importantes, como si hablaran un idioma que luego hay que traducir al idioma de la realidad. No saben nada de s&iacute; mismas. S&oacute;lo hablan de sus deseos, y tratan desesperada e inconscientemente de esconder, de disimular. La vida se vuelve casi interesante cuando ya has aprendido las mentiras de los dem&aacute;s, y empiezas a disfrutar observ&aacute;ndolos, viendo que siempre dicen otra cosa de lo que piensan, de lo que quieren en verdad... S&iacute;, un d&iacute;a llega la aceptaci&oacute;n de la verdad, y eso significa la vejez y la muerte&hellip;&rdquo;</span></em><em><span style="font-size: 9pt; color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></em><em><span style="font-size: 9pt; color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Sandor Marai</span></em><em><span style="font-size: 9pt; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span></em><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Ya no est&aacute; de moda hablar de las neurosis y sus lazos con la creatividad art&iacute;stica. De hecho, ya no se lleva hablar de lo que importa. Gustan m&aacute;s las cabriolas incesantes, y cada vez m&aacute;s <em>imbecilizantes</em>, para adormecer la realidad arrim&aacute;ndonos a una manada que confunde la esencia con lo superfluo, que prefiere el espect&aacute;culo a la vida. Y sin embargo la relaci&oacute;n entre sufrimiento y creaci&oacute;n art&iacute;stica parece haber sobrevivido a la decadencia misma del romanticismo, en cuya simbiosis cre&oacute; sus bases como movimiento ideol&oacute;gico y art&iacute;stico.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Lo digo a prop&oacute;sito de las memorias del escritor h&uacute;ngaro Sandor Marai, <em>Confesiones de un burgu&eacute;s</em>, un autor redescubierto en la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo pasado, para el regocijo de los lectores exigentes, que pensaban que el paradigma de este siglo, bifurcado entre unos cuantos nombres que parecen s&oacute;lidos a pesar del paso del tiempo, acababa con Kafka, Proust, Woolf, Mann, Borges,&nbsp;Camus, quiz&aacute;s Celine,&nbsp; y un pu&ntilde;ado m&aacute;s de esos maestros del lenguaje literario.</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">La vida de un ser humano no suele tener el mayor inter&eacute;s, salvo en aquellos casos en que logra condensar una esencia indescifrable, pero sentida, que viene a simbolizar de alguna forma eso que hermana a todos los humanos, sus sentimientos, sus contradicciones, su b&uacute;squeda de la belleza y de sentido. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">La vida de Sandor Marai (1900-1989) no es muy distinta de la de otros hombres de su &eacute;poca, de aut&eacute;ntico talante liberal, castigados por los efectos de las dos guerras mundiales, acorralados por los radicalismos pol&iacute;ticos, y en contradicci&oacute;n permanente con sus ra&iacute;ces familiares y culturales. Eran tiempos convulsos y tr&aacute;gicos. Lo que acaba otorg&aacute;ndole trascendencia, m&aacute;s all&aacute; de la esculpida prosa que fluye musical, es su punto de vista, que logr&oacute; expresar con total soltura cuando se dedic&oacute; a escribir sus novelas, ahora nuevamente en boga, entre las cuales resplandecen <em>El &uacute;ltimo encuentro</em>, <em>El amante<span>&nbsp; </span>de Bolzano</em> o <em>La herencia de</em></span><em><span style="font-size: 7.5pt; color: #284459; font-family: Tahoma"> </span></em><em><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Eszter.</span></em><em><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></em></p><p align="justify"><em><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span></em><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Marai ten&iacute;a la lacerante enfermedad de la lucidez. Quiz&aacute;s de ah&iacute; el hecho de que, como tantas otras mentes que viven al l&iacute;mite de lo sensitivo, se suicidara a la edad de 89 a&ntilde;os. En su libro <em>Confesiones&nbsp;de un burgu&eacute;s, </em>escrito a sus 34 a&ntilde;os<em>,</em> advirti&oacute; con amargura que &ldquo;Nada es gratis, ni siquiera el sufrimiento, esa condici&oacute;n necesaria para el trabajo creativo&rdquo;. Como en las verdaderas vocaciones, Marai no tuvo nunca elecci&oacute;n. Naci&oacute; distinto, dotado de una sensibilidad singular que pronto lo hizo colisionar con el mundo burgu&eacute;s y timorato que lo rodeaba y oprim&iacute;a.</span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Una madre sobreprotectora y un padre demasiado deificado, anuncian un parricidi, aunque simb&oacute;lico,&nbsp;como &uacute;nica opci&oacute;n para lograr ser. El germen de la neurosis, tal y como la entienden los freudianos, estaba en ese ni&ntilde;o que dorm&iacute;a junto a la cama de su madre, sometido al terror de un amor presa del miedo. Su universo interior era de tal densidad <span>&nbsp;</span>que tardar&iacute;a en encontrar el modo de expresarlo.<span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</span></span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">En un tono rotundo, m&aacute;s nunca categ&oacute;rico, como s&oacute;lo hablan los sabios, Marai nos advierte que en la vida no suelen ocurrir cosas importantes. &ldquo;Al volver la vista atr&aacute;s, al buscar el instante en que ocurri&oacute; algo decisivo, algo definitivo o irremediable &ndash; la &ldquo;experiencia&rdquo; o el &ldquo;accidente que decidi&oacute; nuestra vida posterior-, tan s&oacute;lo encontramos algunas huellas sin importancia, a<span>&nbsp; </span>veces ni siquiera eso. En realidad no existe m&aacute;s &ldquo;tragedia&rdquo; que el momento en que te ves obligado a decidir si permaneces en el seno de la familia y en sus variantes a escala m&aacute;s amplia, como la &ldquo;clase social&rdquo;, la ideolog&iacute;a, la raza, o bien te marchas por su propio camino, a sabiendas de que te quedas solo para siempre, de que eres libres, est&aacute;s a merced de todo el mundo y s&oacute;lo puedes contar contigo mismo&hellip;&rdquo;&nbsp;</span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">El libro, como todos los escritos por Marai, se abre con una pregunta y no termina hasta que nos entrega todas y cada una de las piezas que van a conformar las posibles respuestas. &iquest;Qu&eacute; nos hace decidir de repente romper el mundo que conocimos para salir a la caza de esa promesa de absoluto que es la libertad?<span>&nbsp; </span>Marai no sabe c&oacute;mo ni por qu&eacute;, pero si advierte el cu&aacute;ndo. La revelaci&oacute;n de su singularidad, vino de la misma forma ca&oacute;tica e inadvertida con que nos ocurre todo lo trascendental de nuestra existencia. Su padre le hab&iacute;a entregado un billete de cincuenta coronas para que eligiera &eacute;l mismo, por primer vez, un par zapatos. Era el universo provinciano y peque&ntilde;o burgu&eacute;s de la ciudad de Kassa, en la Hungr&iacute;a bajo el K&aacute;iser, en la decadencia complaciente del imperio astroh&uacute;ngaro, en donde todos los ni&ntilde;os &ldquo;de buena familia&rdquo; nac&iacute;an con un libreto escrito, y los cauces bien establecidos de por d&oacute;nde habr&iacute;an de moverse. Era la primera vez que pod&iacute;a elegir algo por si mismo. Aquella tarde, al regresar de la zapater&iacute;a, lo comprobar&iacute;a, se dar&iacute;a cuenta de forma rotunda de que habr&iacute;a siempre una parte de &eacute;l soberana e ingobernable, altanera y rebelde, que habr&iacute;a de sobrevivirle a su pesar. El ni&ntilde;o, en plena pubertad, hab&iacute;a comprado unos zapatos amarillos. </span></p><p align="justify"><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Cuenta Marai que &ldquo;mi madre se echo a llorar al verlos y la cuesti&oacute;n de los zapatos persisti&oacute; durante a&ntilde;os en el seno de la familia: hasta los parientes m&aacute;s lejanos me aseguraban, cada vez m&aacute;s desesperados, que yo &ldquo;terminar&iacute;a mal&rdquo; si no cambiaba con urgencia&rdquo;.</span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">La elecci&oacute;n de los zapatos amarillos ser&iacute;a el inicio de un viaje sin retorno, aquel en el que algunos esp&iacute;ritus temerarios, por valientes, eligen <span>&nbsp;</span>el querer ser al deber ser. Fuera de aquel confortable refugio familiar estaba la incertidumbre, el azar, la intemperie, la belleza de lo inadvertido, la soledad como consecuencia inevitable de renegar de aquel esp&iacute;ritu gregario que tanto le espantaba. El desaf&iacute;o de un ni&ntilde;o horrorizado y orgulloso de llevar unos zapatos amarillos y de ante, como quien alza una bandera y corre a contracorriente, le hab&iacute;a dejado fuera de la tribu de la que renegaba sin saberlo.</span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="color: #284459; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">De la neurosis no siempre nace la creatividad. Pero nadie podr&iacute;a negarle a Marai la raz&oacute;n cuando nos advierte que no hay belleza que nos haga temblar y nos sobrecoja en lo m&aacute;s hondo, que no surja del dolor. Que toda creaci&oacute;n artista tiene su correlato en los rincones m&aacute;s &iacute;ntimos del alma del artista. Que todo lo que se crea en el fondo se recrea. No siempre la vida y la obra guardan tanta semejanza. Pero en el caso de Sandor Marai, al igual que en Proust, esta simbiosis inevitable, casi tr&aacute;gica, <span>&nbsp;</span>conforma todo cuanto fue. La herencia de un alma borracha de lucidez cuya obra parece haber logrado redimir, e incluso justificar, los desdenes y los tragos amargos&nbsp;contra los que cometen la osad&iacute;a de ser distintos.</span></p>]]></description><pubDate>Thu, 02 Nov 2006 23:06:00 +0000</pubDate></item><item><title>LAS DOS ORILLAS</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2006/092301-las-dos-orillas.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2006/092301-las-dos-orillas.php</guid><description><![CDATA[<p><span style="font-size: 14pt">Ratzinger y el choque de civilizaciones</span></p><p><strong><span>Cecilia Ramis</span></strong><span>&nbsp;</span></p><p align="justify"><span></span><span>&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Las desafortunadas declaraciones del Papa Benedicto XVI, ese que todav&iacute;a muchos ven como usurpador del trono del anterior, han vuelto a desatar el debate sobre la profec&iacute;a de Huntington acerca del choque de civilizaciones. Sobre el tema hay opiniones para todos los gustos. Desde los que justifican la ira indiscriminada de los radicales islamistas&nbsp;al concebirla como&nbsp;la purga&nbsp; de una culpa de Occidente, de cada ciudadano, sea o no partidario de la pol&iacute;tica exterior que se sigue hacia el Mediano Oriente, hasta aquellos que se ponen en pie de guerra y consideran necesario un fulminante contraataque de los occidentales ante la rebeli&oacute;n musulmana.</span><span>&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Si hay algo que han admitido las llamadas ciencias sociales, es que no son posibles los determinismos a priori, sobretodo a la hora de analizar los hechos, y mucho menos cuando estos mantienen la efervescencia de la actualidad, de lo inmediato. Sin embargo, ambas posturas, una simplista y justificativa y la otra arrogante y medieval, son deterministas.</span><span>&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Las palabras del Papa,extraidas de su lecci&oacute;n magistral en la Universidad de Ratisbona,&nbsp;desvelan su verdadero rostro. Al fin y al cabo su carrera eclesi&aacute;stica creci&oacute; en la universidad y, sobretodo, <span>&nbsp;</span>dentro del &oacute;rgano inquisidor de la Iglesia, la </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">. Se le fue en su discurso un tufillo de pretendida superioridad cultural y, lo que es peor, religiosa, que recuerda a viejas discusiones apasionadas e irracionales de la &eacute;poca de los cruzados. No tienen nada de nuevo. Es el viejo pleito, sublimado en la modernidad, entre las tres religiones monote&iacute;stas, que vuelve a resurgir a pesar del exquisito esfuerzo hecho por Juan Pablo II y su audaz diplomacia. Pero al tiempo que revelan la ortodoxia de un te&oacute;logo<span>&nbsp; </span>enemigo de los relativismos filos&oacute;ficos (sustrato de la occidentalidad, tal y como la entendemos hoy), desvelan la torpeza pol&iacute;tica de un l&iacute;der religioso que ha ignorado su tiempo y las consecuencias del cambio abrupto de la modernidad y la postmodernidad. No quiere conservar, sino restaurar lo antiguo.<span>&nbsp; </span>Por eso no es un conservador, como Juan Pablo II, sino un reaccionario.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Sin embargo, el hecho parece trascender la mera torpeza del Obispo de Roma. Viene a golpear una zona de una hipersensibilidad inquietante. Algo pasa en las sociedades musulmanas, algo que parece irracional y agitado por un infalible sistema de propaganda pol&iacute;tica (y no meramente religiosa). Un sistema que recuerda, en sus efectos sobre la voluntad y la conciencia de grandes colectivos, la propaganda del partido Nazi, tan h&aacute;bilmente dirigida por Goebbels. Solo que carece de la sofisticada maquinaria propagand&iacute;stica de Hitler, viaja a trav&eacute;s de internet, utilizando la modernidad para negarla. Es f&aacute;cil caer de all&iacute; a la paranoia de pensar que hay una mano que mece la cuna, que tiene agarrados los hilos de una conspiraci&oacute;n bien orquestada contra Occidente, tal y como a veces parecen concebirlo Busch, y su telonero espa&ntilde;ol, Jos&eacute; Mar&iacute;a Aznar. Lo cierto es que, al parecer,&nbsp;esa rebeli&oacute;n, que parece uniforme, se construye&nbsp;de un modo aleaotorio pero interconectado, una especie de red que se teje al modo en que se imbrican los hilos del<span>&nbsp; </span>movimiento islamista radical que encuentran en el&nbsp;fascismo teocr&aacute;tico su mayor semejanza&nbsp;.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">La pregunta que me parece esencial en todo este debate es la misma que se hicieron los neoyorquinos tras el 11 de septiembre. &iquest;Por qu&eacute; nos odian tanto? Porque tanta gente de repente empieza a comportarse como <em>holigans</em> tras la derrota de su equipo en un mundial? Oriente Medio est&aacute; resentido, tremendamente resentido. Las razones seguramente son muchas y complejas, y no creo que una teor&iacute;a pueda descifrar la totalidad de unas din&aacute;micas sociales que se agravan a una velocidad alarmante. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Yo me quedo con esa pregunta, y aventuro una respuesta parcial. Me quedo con el sentimiento de odio, que traduce un resentimiento. Aunque ese odio, es<span>&nbsp; </span>bueno decirlo de entrada, no tenga su origen exclusivo en el comportamiento de Occidente hacia ellos. Cuando estamos ante el resentimiento nos dejamos dominar por el enorme rechazo que produce la rebeld&iacute;a adolescente de ese ser pose&iacute;do por sentimientos de destrucci&oacute;n y venganza. <span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span>La <em>yihad </em>y su manifestaci&oacute;n suicida y terrorista, parece, a los ojos occidentales (no puedo remediar esa limitaci&oacute;n) la manifestaci&oacute;n de una patolog&iacute;a colectiva. Y al decir colectiva no implica concebir que todos los musulmanes, sean &aacute;rabes o no, la padezcan. Afortunadamente a&uacute;n se trata de focos localizados, pero cuyo espectro va ampli&aacute;ndose en la medida en que alguien&nbsp;se resiente&nbsp;una herida que, por alguna raz&oacute;n, no cesa de supurar. &iquest;Por qu&eacute; est&aacute; tan herido el medianoriente? &iquest;Qu&eacute; tiene que ver Occidente en ello? </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Reaccionan como humillados y ofendidos, y por eso exhiben un superyo teocr&aacute;tico que no se limita a reivindicar su derecho, sino que lo hace desde una pretendida superioridad que recuerda mucho el mito de pueblo elegido que articula a la comunidad jud&iacute;a y su sustrato cultural y cuya prevalencia discursiva o ideol&oacute;gica revela el fracaso de sus &eacute;lites pol&iacute;ticas. &iquest;No les recuerda todo esto al llamado trauma alem&aacute;n? Aquel pueblo que vivi&oacute; su derrota y la humillaci&oacute;n que supuso para ellos&nbsp;el Tratado de Versalles. Aquel que fue calificado como el &uacute;nico culpable de una contienda mundial que mostr&oacute; el lado m&aacute;s destructor del ser humano. Los especialistas en patolog&iacute;as colectivas (Fromm a la cabeza), analizan aquellos hechos desde la emocionalidad colectiva, y al hacerlo advierten que el odio alimentado en el coraz&oacute;n de muchos alemanes, o germanos a secas,<span>&nbsp; </span>tuvo mucho que ver con la torpeza (por no decir, arrogancia) de unas potencias a la hora de pactar la paz, tra la I Guerra Mundial. Los abusos de poder, a la larga, acaban pasando factura. Una torpeza que se conjug&oacute; con la mediocridad de los l&iacute;deres que fracasaron en la Revoluci&oacute;n de 1918, fracaso que revivi&oacute; el pueblo alem&aacute;n con la quiebra de la Rep&uacute;blica de Wiemar. <span>&nbsp;</span>De la&nbsp;debilidad de ese yo colectivo nace la vulnerabilidad de los pueblos que f&aacute;cilmente buscan el alivio de ese dolor, por dem&aacute;s innecesario, en un mes&iacute;as populista, encarnaci&oacute;n de un Dios con su dogma y su doctrina. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Ver las cosas desde ese punto de vista tiene la ventaja de acercarse a las complejas sociedades islamistas, reconociendolas iguales a&nbsp;las nuestras,&nbsp;en los sentimientos individuales y colectivos. Que su manifestaci&oacute;n cultural sea distinta no deslegitima su semejanza primigenia. &iquest;Acaso no hemos aprendido nada del drama alem&aacute;n? De la larga y cruel pesadilla de las dos Guerras Mundiales, de las hambrunas y cr&iacute;menes propiciados por fanatismos pol&iacute;ticos, dogmas de fe con rostros humanos. No estoy muy segura de la idea que funda la modernidad, que no es otra de que el ser humano, el mundo, avanza siempre hacia un mejor camino. Que la evoluci&oacute;n trae consigo la superaci&oacute;n. En su emocionalidad colectiva el ser humano sigue reproduciendo su misma irracionalidad. Los pol&iacute;ticos y mercaderes se ceban en esa debilidad y crean malabarismos para sacarle provecho a esa debilidad humana que algunos llaman inconsciente. Y por eso veo siempre el riesgo latente de que, al igual que lo pensaba Merphis y la genialidad pesimista de sus leyes, de que vayamos a peor. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&iquest;De qu&eacute; forma se humilla a Oriente? Como ha ocurrido en otras ocasiones, las pol&iacute;ticas practicadas por quienes nos representan, acaban siendo achacadas a sus pueblos. Oriente Medio es, entre otras muchas cosas, el efecto colateral de una guerra que inici&oacute; otro pueblo humillado por la contienda, arbitrariamente dividido, mutilado, se&ntilde;alado como el gran culpable de los males occidentales,&nbsp;el Imperio Austroh&uacute;garo&nbsp;dominada por el K&aacute;iser. El chivo espiatorio de otras muchas culpas. &iquest;Acaso Irak, Palestina, L&iacute;bano, el mismo Ir&aacute;n no han sufrido en carne propia los desmanes de unos Estados imperiales&nbsp;que parten de su superioridad cultural y que arbitrariamente han segmentado territorios,&nbsp;quitado y puesto&nbsp;gobiernos, atacaso y hasta debastado&nbsp;ciudades y pueblos,&nbsp;en nombre de sus intereses?</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Lo malo del relativismo filos&oacute;fico que tanto teme y odia el ex </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Cardenal Ratzinger</span><span style="font-size: 10pt; font-family: Arial"> </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"><span>&nbsp;</span>es que no permite la divisi&oacute;n del mundo en superiores e inferiores, buenos o malos. Nos ofrece din&aacute;micas diferentes, huye de lo categ&oacute;rico, de lo absoluto, vuelve circunstancial y opinable cualquier postura. Nos deja desnudos, sin certezas fabricadas. Ante esa intemperie es casi natural que resulte amenazante la solidez que muestran culturas m&aacute;s milenarias, cuya articulaci&oacute;n colectiva se<span>&nbsp; </span>cimenta cada vez m&aacute;s en la religi&oacute;n. Al parecer, el remedio que le ve Ratzinger al asunto es el de reforzar la autoestima de Occidente, mediante la vuelta a un catolicismo cohersitivo de la libertad conquistada, y en eso se parece a los <em>neocoms.</em> Reestrablecer reglas que eliminen esa inquietante tendencia Occidental a cuestionarlo todo, desde la autonom&iacute;a de una ciencia sin Dios. El mensaje m&aacute;s importante del discurso de Benedicto XVI no fue hacia los mahometanos, sino hacia un Occidente que se encuentra enfrentado a una amenaza que no viene de fuera, sino de dentro, que al igual que en los tiempos de las Cruzadas, eligen un enemigo y disfrazan la meta del poder y la dominaci&oacute;n de una supuesta autodefensa.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"><span>&nbsp;</span></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">En el llamado choque de civilizaci&oacute;n se esconde la decadencia de&nbsp;dos culturas. Al parecer no la racionalista a la que apela Ratzinger desde un dogmatismo religioso que lo desmiente. Occidente est&aacute; enfrente de sus paradojas y&nbsp;contradicciones. Est&aacute; asustado ante una tendencia migratoria que, a la inverse que en siglos pasados, traen a los pobres a los territorios ricos, en su huida desesperada de la miseria, encarnando a sus ojos a los nuevos barbaros pasivos. Las calles de Par&iacute;s, Londres o Berl&iacute;n, muestran el cambio imparable de una sociedad que se hace cada vez m&aacute;s mestiza. Y eso es, a mi modo de ver, lo que levita detr&aacute;s de este debate que a cada rato resurge.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Nos han cambiado el tablero y no sabemos que ficha mover. Los efectos colaterales vienen ahora de all&iacute;, y no a la inversa. Las reglas del juego parecen empezar a ser otras. Por eso no es de extra&ntilde;ar que resurjan los profetas y aquellos que creen que la vuelta a lo absoluto es la soluci&oacute;n no a una desgracia, sino a un mundo que muta a una velocidad desconcertante, que ense&ntilde;a las visceras de sus m&uacute;ltiples paradojas, tan humanas por lo dem&aacute;s. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Lejos de encontrar una respuesta, acabo estas notas con m&aacute;s preguntas que las que encontr&eacute;. S&oacute;lo que, en mi caso, he abandonado toda pretensi&oacute;n totalitaria, y s&eacute; que todo cuanto digamos todos acabar&aacute; siendo parcial o fragmentario. </span><span>&nbsp;Pertenezco, eso si que lo tengo claro, a esa estirpe de relativistas que tanto irrita al Papa. </span></p>]]></description><pubDate>Sat, 23 Sep 2006 19:55:00 +0000</pubDate></item><item><title>LAS DOS ORILLAS. Cecilia Ramis</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2006/082401-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2006/082401-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</guid><description><![CDATA[<strong><span>ADIOS A PLUT&Oacute;N</span></strong><span>&nbsp;</span><span><span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </span></span><span>Dice el saber popular que cuando empezamos a llamar ruido a la m&uacute;sica que escuchamos es que nos estamos haciendo viejos. Puede que tengan raz&oacute;n y yo haya pasado a formar parte de esa fila, pero en cualquier caso lo que est&aacute; claro es que nos est&aacute; costando a algunos digerir algunos cambios que parecen tener el poder de volver nostalgia todo aquello que ha sido nuestro sistema referencial, o lo que quiz&aacute;s resulte m&aacute;s rebuscado de decir, el saber establecido. </span><span>&nbsp;</span><span>Mientras los astr&oacute;nomos debat&iacute;an en Paris las caracter&iacute;sticas que debe de tener un planeta para ser considerado tal, y otras m&aacute;s para que sea del sistema solar, yo pensaba en la suerte de Plut&oacute;n. A m&iacute; siempre me pareci&oacute; Plut&oacute;n un planeta tierno, a pesar de que ya los libros escolares advert&iacute;an que se trataba de un plante fr&iacute;o. Tan redond&iacute;n y pintadito de verde o azul en los mapas, ven&iacute;a a culminar la lista como un punto final que cierra un c&iacute;rculo. Me los aprend&iacute; todos, seguidos, como las conjunciones, las preposiciones, las partes del cuerpo humano, miles de conceptos y clasificaciones que nos hac&iacute;an repetir de manera cansina sin que entonces le encontr&aacute;ramos ning&uacute;n sentido a esa tortura nemot&eacute;cnica. </span><span>&nbsp;</span><span>A estas horas la comisi&oacute;n reunida ha decretado la expulsi&oacute;n de Plut&oacute;n de nuestro sistema y durante un buen rato no me pude explicar la rid&iacute;cula congoja que sent&iacute;. Fue como si de repente hubieran cogido una goma y, sin permiso de nadie, esos sabios enrevesados de mirada perdida hubiesen borrado no un concepto sino una parte de mi infancia.</span><span>&nbsp;</span><span>Puede parecer algo tonto, y quiz&aacute;s lo sea en el fondo (como tonto es ese pavor que el ser humano siente ante los cambios) pero no es la primera vez que siento ese hurto. Al fin y al cabo son la uni&oacute;n de muchas cosas como &eacute;sta la que hacen que sintamos que somos de una &eacute;poca.</span><span>&nbsp;</span><span>Que sepa que ese s&iacute;ndrome de desorientaci&oacute;n lo tuvieron ya quienes inauguraron el siglo XX, no hace que aminore mi pesar. A nadie le gustan las ceremonias del adi&oacute;s. &iquest;Cu&aacute;ntas cosas m&aacute;s les queda por quitarnos? Me digo como si pudiera estar hablando con mis vecinos de pupitre, mientras pienso en Plut&oacute;n y las tantas otras cosas que nos quedan por despedir y, lo que quiz&aacute;s en el fondo sea lo que levita detr&aacute;s de mi congoja, por venir.</span>]]></description><pubDate>Thu, 24 Aug 2006 21:56:00 +0000</pubDate></item><item><title>LAS DOS ORILLAS. Cecilia Ramis</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2006/080101-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2006/080101-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</guid><description><![CDATA[<p><strong><span>APUNTES SOBRE LA BANALIZACI&Oacute;N DEL ARTE</span></strong><strong><span>&nbsp;</span></strong></p><p align="justify"><strong><span></span></strong><span>&nbsp;</span><span>En esta era del espect&aacute;culo, no es de extra&ntilde;ar que los artistas se conozcan m&aacute;s por su<span>&nbsp; </span>biograf&iacute;a o por la invenci&oacute;n de mitos y mentiras propios del cotilleo y la far&aacute;ndula. Me he encontrado con lectores fervientes de vidas ajenas que van desde Colette, Virginia Woolf, Picasso, hasta abarcar la vida de estrellas de Hollywood o de dise&ntilde;adores famosos.<span>&nbsp; </span>De esa obsesi&oacute;n por lo privado, por las apariencias e intimidades de las vidas y no de las obras de los pintores, escritores, actores, entre otros artistas, est&aacute;n llenas las estanter&iacute;as de los <em>happybooks</em> y otro tipo de escaparates m&aacute;s publicitarios que culturales.</span><span>&nbsp;</span><span>Lectores que citan, con precisi&oacute;n, todos los nombres que compon&iacute;an el grupo de <span>B</span>loomsbury, retablo de peregrinaci&oacute;n y de snobismos renovados, suelen ser los mismos que cuentan c&oacute;mo James Joyce perdi&oacute; los dientes o como Thomas Mann reprim&iacute;a su homosexualidad y otras clases de citas que a veces nos llevan a los s&oacute;tanos menos decorosos, por privados, de la vida de alguien, aunque en sociedad bien viene tener estas citas a mano si queremos resultar ingeniosos.<span>&nbsp; </span>Y otras veces nos ense&ntilde;an, con el impudor que tiene el mal gusto, vidas miserables, tan anodinas como la nuestra, o tan oscuras y tenebrosas como podr&iacute;an resultarnos las vidas de C&eacute;line o de Heidegger.</span><span>&nbsp;</span><span>Es cierto que no se llega a apreciar (al menos anal&iacute;ticamente) algunas obras en toda su profundidad sin conocer la vida de quien as&iacute; las cre&oacute;. La heterodoxia de Da Vinci, ahora tan de moda, explica gran parte del enigma de sus cuadros. De igual modo resulta estimulante conocer los meandros mentales de Virginia Woolf y el modo en que ello es perceptible en su prosa, a trav&eacute;s de alteraciones ling&uuml;&iacute;sticas que son el sello distintivo de su rompedor estilo. Pero suelo desconfiar de aquellos que prefieren la vida a la obra. Me parece un decoroso reemplazo de la prensa del coraz&oacute;n por cotilleos que recuerdan las cortes europeas en el sopor&iacute;fero mundo aristocr&aacute;tico decadentista, que tan magistral y obsesivamente describe Marcel Proust en su obra maestra, <em>En busca del tiempo perdido</em>.</span><span>&nbsp;</span><span>El caso es que, poco a poco, la gente tiende a saber m&aacute;s las an&eacute;cdotas que la historia, y desde luego ya no consideran necesario &ldquo;soportar&rdquo; la lentitud descriptiva de Proust, o descubrir las m&uacute;ltiples dimensiones l&uacute;dicas que nos propone Cort&aacute;zar. No cabe duda que cuando la inteligencia se deja ganar por el morbo, o lo que es peor, por la pereza, el resultado es una <em>seudocultura</em> que, al parecer, mantiene complacidos y entretenidos a esos que la actriz espa&ntilde;ola Chuz Lampere, en una peli de Almod&oacute;var, llam&oacute;, con tanta gracia, &ldquo;los masamedia&rdquo;.</span><span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></p>]]></description><pubDate>Tue, 01 Aug 2006 13:06:00 +0000</pubDate></item><item><title>LAS DOS ORILLAS . Cecilia Ramis</title><link>https://ciguapas.blogia.com/2006/072101-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</link><guid isPermaLink="true">https://ciguapas.blogia.com/2006/072101-las-dos-orillas-cecilia-ramis.php</guid><description><![CDATA[<p><span>&nbsp;</span><strong><em><span style="font-size: 10pt; color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">TORMENTOS</span></em></strong><strong><em><span style="color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span></em></strong><em><span style="font-size: 10pt; color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp; (Fragmento)</span></em></p><p align="justify"><em><span style="font-size: 10pt; color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&iquest;Soy demasiado consciente de la realidad, y los dem&aacute;s viven en un sue&ntilde;o de idiotas del que no quieren despertar (cosa que no les reprocho), o soy yo el est&uacute;pido que cree ver demasiado,sin ver nada?. <br />Sea cual sea la respuesta, puedo decir que nunca he pedido estar aqu&iacute; y a&uacute;n estando aqu&iacute;, s&oacute;lo pienso en c&oacute;mo salir, sin hacer ruido, sin que se note mi ausencia, como si nunca hubiera estado. </span></em><em><span style="font-size: 10pt; color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Y de esa manera, sentir la ilusi&oacute;n de no haber existido nunca.</span></em></p><p><em><span style="font-size: 10pt; color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span></em><strong><em><span style="font-size: 10pt; color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Silogismo de la amargura. Emile Cior&aacute;n.&nbsp;</span></em></strong><strong><em><span style="color: black; font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span></em></strong><span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span><span>&nbsp;</span></p><p><span></span><strong><span>EVOCANDO A CIOR&Aacute;N</span></strong><span>&nbsp;</span></p><p align="justify"><span></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Hay d&iacute;as en los que el bombardeo de los medios de comunicaci&oacute;n, con su cacofon&iacute;a demencial, parece como si nos hablara de extra&ntilde;as confabulaciones que dan lugar a todo tipo de especulaciones<span>&nbsp; </span>a las que no le faltan contenidos teol&oacute;gicos o metaf&iacute;sicos. El L&iacute;bano vuelve a arder bajo la implacable ira de un Israel herido y un Ir&aacute;n que, junto con otros pa&iacute;ses del mediano oriente, buscan su recolocaci&oacute;n en el equilibrio extra&ntilde;o y parad&oacute;jico que algunos llaman geopol&iacute;tica.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Pero al mismo tiempo los nicarag&uuml;enses se pelean con los ticos, acus&aacute;ndose como los haitianos acusan a los dominicanos, asustados por la avalancha de una inmigraci&oacute;n que resulta imparable en todas partes del mundo, de una parte de la humanidad cansada de aguantar la exclusi&oacute;n. Mientras, los salvadore&ntilde;os amagan viejos h&aacute;bitos que despiertan fantasmas de sangre y odio. Irak arde, igual que el L&iacute;bano, ante la torpe, por no decir est&uacute;pida, pol&iacute;tica exterior del ciudadano Bush.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Los franceses est&aacute;n hartos, y al mismo tiempo los j&oacute;venes de los barrios marginales hacen arden los tugurios en los que crece el veneno del resentimiento social de los barrios perif&eacute;ricos de Par&iacute;s, el caldo de cultivo de la violencia.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando en el mundo? digo sin evitar una especie de susto que sabe a apocalipsis, a trompetas que tocan los siete jinetes, a relinchar de caballos de arc&aacute;ngeles malditos, a Nostradamus, a todas esas historias aterradoras que la humanidad se ha desde contado siempre y de mil modos y que hablan de su final, de su autoexterminio.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">En una tertulia apasionada en casa de una viaja amiga, al calor del vino tinto manchego y del penetrante sabor de sus quesos, alguien pregunt&oacute; qu&eacute; pod&iacute;amos hacer. Se refer&iacute;a, claro, a aquellos que sin formar ninguna agrupaci&oacute;n sabemos que tenemos una forma compartida de ver el mundo y de vivir en &eacute;l. Valores que parecen nostalgias o reliquias in&uacute;tiles en un mundo desesperado y con prisas.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Tras mi acostumbrado soliloquio sobre la postmodernidad y las consecuencias de la destrucci&oacute;n de todo un sistema de valores, al que no acabamos de verle reemplazo, aunque lo haya, respond&iacute; desde mi acostumbrado escepticismo. Nada, le dije, creo que es tarde, me temo. Sabiendo que se trataba de un elegante ejercicio de la impotencia.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Todo tiene sabor a final algunas veces, sobretodo cuando se abren los peri&oacute;dicos o se enciende el televisor y todo es odio. La sociedad reproduce su violencia, bajo sordina, a trav&eacute;s de la calumnia, el chisme, la trampa, la insinceridad, la insensatez, la carro&ntilde;er&iacute;a en la que se convierte la relaci&oacute;n con el otro, nuestro rival inevitable en una huida hacia ninguna parte.</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Es inevitable evocar a Cior&aacute;n, maldecir la obra de descontrucci&oacute;n que empez&oacute; con Nietzche y que acab&oacute; con todo asomo de certeza.<span>&nbsp; </span>Fil&oacute;sofos que otrora fueran malditos y que ahora parecen resurgir con aires de profetas. La lucidez siempre acaba haciendo da&ntilde;o. Darnos cuenta de la exterminaci&oacute;n de que todo lo que nos permiti&oacute; edificar aquella civilizaci&oacute;n que nos contaron que alg&uacute;n d&iacute;a alcanzar&iacute;amos y que la publicidad barata del neoliberalismo nos la hizo creer a mediados de los noventa, la &eacute;poca rosa, la &eacute;poca de Clinton, se ha evaporado como en un trupo de magia.&nbsp; Esto, m&aacute;s que una iron&iacute;a parece&nbsp;una broma pesada de Dios. &iexcl;Puede haber un espect&aacute;culo m&aacute;s cruel, m&aacute;s dram&aacute;tico y al mismo tiempo&nbsp;m&aacute;s pat&eacute;tico!. El proyecto del superhombre, que a su modo edific&oacute; la sociedad moderna, la promesa de los liberales, la idea de que el ser humano pod&iacute;a reconstruirse desde lo social para ser mejor, parece haber muerto.</span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;"></span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">No me gusta nada de lo que veo y leo y siento la aspereza de la relaci&oacute;n con el otro, cada vez m&aacute;s amenazante por impredecible. Se nos mueven los valores, se nos cambian los h&aacute;bitos, vivimos el peso de un sistema que ha dejado de prometer el bienestar para pasar a tutelar a unos ciudadanos que son tratados como ni&ntilde;os al que hay que castigar y hacerlos que aprendan a comportarse. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">&nbsp;</span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Escribo en medio de ese barril sin fondo que es el ciberespacio, en el que todos estamos y todos somos ignorados. La atm&oacute;sfera se carga de repente&nbsp;de un sopor que sabe a Cioran, a sus momentos amargos, a la desolaci&oacute;n de un Pessoa siempre travestido, siempre otro, en su Libro del Desasosiego. </span></p><p align="justify"><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Tiene aire a tragedia griega, a profunda melancol&iacute;a a la que es dif&iacute;cil sacarle resplandor est&eacute;tico. </span><span style="font-family: &#39;Book Antiqua&#39;">Ha muerto la ingenuidad, quise decirle a mi amiga. Es el tiempo del espect&aacute;culo, contest&oacute; ella, leyendo luego fragmentos de Guy Devorad. &iquest;Por qu&eacute; al mismo tiempo que siento esto que digo, hay una parte de m&iacute; que parece impenetrable e incr&eacute;dula? Nos han convertido la realidad en un espect&aacute;culo y quiz&aacute;s por ello se me haga ahora tan dif&iacute;cil distinguirla. </span></p><p align="justify">&nbsp;</p>]]></description><pubDate>Fri, 21 Jul 2006 18:22:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
