Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.

06/01/2007

EL NUEVO "NO PASARAN"

20070106095754-nantes.jpg

No fue en Paris, sino en Nantes. Más de 500 manifestantes franceses de esta pequeña ciudad costera, recibieron el año nuevo con pancartas en las que podíamos leer "No a 2007" o "2007 no pasará", mientras buena parte de occidente se preparaba para llegar al momento de los abrazos fingidos, nerviosos o auténticos, que se prodigan al dar las doce. Hay quien aludiría al roquizquierdismo galo, caricatura de un presumible arquetipo cultural sobre el que opinan, con docta e inapelable erudición (sic), los turistas en masas. Ante mi falta de aval, del que presumen los turistas en tropel, que en un paseo de tours, corre y corre e instantáneas, sientan catedra, me puse a buscar las presumibles razones para abdicar así de la esperanza de unos manifestantes que pedían a gritos “una moratoria sobre el futuro”. 

Siguen siendo la quinta economía, aunque solo crezca un 2 % anual. Tienen el sistema de seguridad social que envidian los ingleses. Pronto tendrán elecciones, añado en mi zigzag por periódicos, revistas y reportajes que leo para entender el origen de una manifestación tan curiosa como inaudita.  Entonces me acuerdo de que en las pasadas elecciones casi gana Le Pen, de que sus simpatizantes crecen al hervor de una xenofobia que les empieza a parecer puro y natural instinto de conservación, ante una pureza etnica y cultural que se evapora, mientras envejecen sus gentes, y las calles de Paris, de Lyon, de Burdeos,  son una babel en la que los franceses empiezan a no reconocerse.  Me viene a la mente un comentario que me hizo un amigo, de una refinada francofilia, cuando me contó que los profesores de humanidades, aquellos que tenían que enseñar la cultura francesa, la lengua francesa y su historia, son árabes, sobretodo. Se alarmaba ante la fragilidad que advierte en esa soñada pureza cultural que va en contra de la naturaleza dinámica de la vida. París a veces ya no es una fiesta, cuando arden los suburbios de jóvenes de padres y de abuelos extranjeros, sobretodo de origen árabe, hartos de que no se les considere franceses. 

La manifestación, que arrancó con un espíritu humorístico y de fino sarcasmo, empieza a parecer una marcha nihilista, más que fascista, contra un cambio inevitable. Por aquello que advertía Freud, de que el chiste siempre tiene un lazo con el inconsciente, y por tanto con los temores y sentimientos más primarios. Igual que Chirac, el presidente que vuelve y vuelve como remedio que enferma, los franceses no mueven ficha, aplazan las grandes decisiones, entre discursos elegantes. No quieren renunciar a su sistema de protección social, yendo contra todo lo que pudiera amenazarles, contentos de trabajar cuatro días, y no cinco, y de jubilarse antes de los 60, pero tampoco quieren parir sus mujeres, al menos no lo suficiente como para hacer sostenible a largo plazo el sistema al que se agarran. No quieren pagar el precio de tener que convivir con gente de otra cultura o simplemente con otro fenotipo, aunque hablen el francés y se sientan tan franceses como el que más. Si acaso aspiran, como en el El Gatopardo,a que todo cambie para todo siga igual.  ¡Hay que joderse con los franceses!

Sábado, 06 de Enero de 2007 09:57 Autor: cecilia06. #. No hay comentarios. Comentar.

07/01/2007

CHILLIDA: LA ESTÉTICA DE LA DENSIDAD

20070107134711-chillida.jpg

Cecilia Ramis 

"Desde el espacio
con su hermano el tiempo
bajo la gravedad insistente
con una luz para ver como no veo.
Entre el ya no y el todavía no
fui colocado.
El asombro ante lo que desconozco fue mi maestro.
Escuchando su inmensidad.
He tratado de mirar, no sé si he visto."

                              Eduardo Chillida  

Foto: Moneiba Talavera

Hay que tener un alma de poeta para encontrar la levedad en la densidad, para hacer de metales pesados, echados a la suerte del oxido y la lluvia, a veces un gesto, otras una sensación que acaba siendo cálida en medio de la frialdad de sus materiales y la concisión del lenguaje estético de Eduardo Chillida.  Basta leer los apuntes de este escultor donostiarra, nacido en 1924, para encontrar las huellas de la poesía, la impronta de su asombro, la condición polisemica, y por lo tanto inagotable de su fulgor, pese a la austeridad, a veces tan  callada, de sus formas. 

Una de las cosas más maravillosas de vivir en Madrid son las escapadas que hay que hacer para no sucumbir al hormigón, a los ruidos, al mal humor de los taxistas, a las obras que parecen rebuscar un tesoro que nadie encuentra. Esta vez las ciguapas decidieron irse hasta Euskadi, ese País Vasco montañoso y marinero, de gente hospitalaria, de buen comer, de pacharán casero y atardeceres que en su declinar de luces, casi al morir el sol, parecen incendiar los montes con una rojiza y última llamarada. Asombra la organización de su turismo interno, el homenaje organizado y limpio que hacen a sus rincones preciados, a sus poblados de herencia medieval o romana, a sus boinas veteando de lunares negros las mañanas de neblina. Elegimos un caserío del 1640, que una familia de Lezo había restaurado y preparado como Casa Rural. Una casa de piedra, con amplia chimenea, largos ventanales que descubren el verdor de sus bosques de pino y tamarindos, de reses que pastan en un invierno generoso, de temperaturas agradables que se hacen a la lluvia o la luz, según les lleve la melancolía. 

Muy cerca de Lezo, a 14 kilómetros, la cita era con Chillida y la necesidad de acercar el oído e intentar no entender, pero si sentir lo que viene diciéndonos desde todas sus esculturas, grabados, bocetos y pinturas. Un mensaje rotundo, que tuvo a la madera como materia prima, luego al hierro, hormigón, acero, piedra, e incluso alabastros,   que no por sólidos dejan de culminar en una brisa suave que a veces puede hasta peinar al viento. 

Desde que Eduardo Chillida y su familia restauraron el viejo Casería Zobalaga en Hernani, Guipúzcoa, el poblado se ha convertido en un lugar de peregrinaje de amantes del arte o artistas que se benefician de los programas que ofrece la Fundación Chillida. Un modo generoso y visionario de hacer de su obra un punto de encuentro entre gentes y culturas, ahora que sus obras se cotizan tan caras y que le sobran los reconocimientos y los premios. 

Hay ocasiones en que descubrir tiene el riesgo de no mostrar nada, y como decía el viejo aforismo griego: nada no se vuelve a cubrir. El minimalismo que sólo es reproducción de unas modas que vienen en ocasiones de la serenidad estética nipona, y de otros modos en los que relucen los espacios abiertos, como silencios paralelos de paredes planas, de líneas rectas, de contrastes sutiles, suele dejarnos una sensación de vacío, más allá de la acrobacia, de la ruptura en si misma. He ahí la diferencia entre una moda y una corriente estética que tiene su correlato artístico. De más está decir que Chillida siempre escapó a lo fácil o comercial y su obra siempre supo situarse a la vanguardia de los iconos que establecía el mercado. Como en todos los artistas de raza, la búsqueda de nuevas expresiones no cesa en Chillida. Desafiando la naturaleza, el artista vasco busca esa otra densidad que no es matérica, acaso tan solo espiritual y que es, al fin y al cabo, lo que nos queda en esa sensación estética discreta y sobria, como un susurro. 

Hacen falta honduras en el alma para poder hacer hablar a las piedras y a los metales. Chillida parece abrirnos las vísceras que invitan al arúspice a mirarlas y descubrir ese mensaje secreto, que a veces apenas se sugiere, como una leve pista que no moleste a la inteligencia de ese espectador que al igual que Chillida, trata de mirar, aunque nunca sepa si ha visto.

Domingo, 07 de Enero de 2007 12:03 Autor: cecilia06. #. No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras, y Evento Blog España. Vota en los Premios Bitacoras.com [Blog Oficial en LaInformacion.com]